Hay esquinas de Madrid que son historia viva. La de la calle de la Bola, a un paso del Palacio Real, es una de ellas. Aquí, en un local que ya funcionaba como botellería a comienzos del siglo XIX, Cándida Santos abrió en 1870 la taberna que hoy sigue en pie: Taberna La Bola.

Una fachada roja que es un icono

Nuestra fachada de color rojo intenso, con su rótulo dorado y su farol, forma parte del paisaje del viejo Madrid. Generación tras generación, la familia ha conservado intactos el método, el sabor y esa estampa castiza.

Tres cocidos, tres clientes

Cuenta la historia que, a principios del siglo pasado, en La Bola se servían hasta tres cocidos distintos según la hora: a las doce, el más económico, para obreros; a la una, algo más completo, con gallina, para estudiantes; y a partir de las dos, con más carne y tocino, para periodistas y políticos. El cocido siempre ha sido, también, un retrato de la ciudad.

Lo que no ha cambiado

Más de 150 años después, seguimos cocinando en puchero de barro individual sobre carbón de encina. Cambian los tiempos, pero no la receta.

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